Este es mi cachito de mi mundo que me ayuda pensar, a reflexionar e incluso a vivir de una forma algo menos cobarde.
Expuesta a las opiniones tanto buenas como malas, que aunque ese montoncito de cosas disparatadas no lleven a ningún lado, son mis cosas del día a día, que lo quiera reconocer o no salen de mi cabeza, de mi realidad. SIGANME

Todo llega a una despedida

Quizás es este el momento de una despedida, si, si de esa despedida que nunca podrías a ver esperado. Pensábamos que íbamos a estar siempre unidos, que nada nos iba a separar. Quizás amamos demasiado a la persona que de verdad no llegas a conocer en el tiempo que han estado juntos y que piensas que de verdad la conoces, pero no. No es del todo cierto.
Llegas a pensar que lo podríamos haber hecho muchísimo mejor para que todo saliera mejor, pero ¿sabes qué? De los errores se aprende y de este he aprendido que arriésgate, que si de verdad te gusta, gánatelo como sea que podría ser tuyo y si no sale bien pues no pasa nada, habrá otro momento.

Ahora o nunca

Estamos hechos el uno para el otro, puede que te parezca raro escuchar estas palabras, sobre después de no haber hablado contigo en todo el verano, pero si me dejas, puedo ofrecerte un plan que no podrás rechazar. ¿Por qué no salimos juntos? y si nos gusta nos casamos y  si nos gusta tenemos hijos y ya luego envejecemos juntos. Que con los avances de la medicina puede ser mucho tiempo. ¿Te sumas a mi plan?
No dejes escapar una oportunidad, ya que es ahora o nunca. Así que vete a buscarle y que nada ni nadie te detenga.



Te mata saber que fuiste tú el que la arrojó a sus brazos y por eso ahora te estás muriendo.

A ti lo que te mata es saber que él la puede tocar cuando quiera, que puede llamarla en cualquier momento y decirle "Quiero verte", llevársela a dar un paseo, y besarla en cualquier lugar. 
Te mata saber que él puede estar en este mismo instante pronunciando su nombre con un sentimiento de posesión que tú no puedes tener, porque no es tuya. 
Te mata saber que es su cama la que calienta por las noches. 
Te torturas imaginando sus manos sobre el cuerpo de ella, adorándola, porque puede hacerlo cuando le dé la gana. 
Y despertarse a su lado y mirarla a la cara, verla dormir tranquilamente y luego abrir los ojos despacio cuando le susurra que la quiere y ella contesta "Yo también, mi amor".
Te mata saber que tú no puedes hacer nada de eso.
Él no tiene que ir con miedo, con prudencia, pidiendo permiso a nadie, esperando que la respuesta sea un sí, no un no. 

No se pasa los días esperando el fatídico momento en que ella diga "Se acabó".
A ti lo que te mata es saber que fue tu elección, que tuviste la oportunidad de ser él, y elegiste no serlo.

Que, cuando ella te eligió a ti, tu huiste como un cobarde.
Te mata saber que fuiste tú el que la arrojó a sus brazos y por eso ahora te estás muriendo.