Este es mi cachito de mi mundo que me ayuda pensar, a reflexionar e incluso a vivir de una forma algo menos cobarde.
Expuesta a las opiniones tanto buenas como malas, que aunque ese montoncito de cosas disparatadas no lleven a ningún lado, son mis cosas del día a día, que lo quiera reconocer o no salen de mi cabeza, de mi realidad. SIGANME

Era de esas


De las que te cruzas por la calle y te hacen replantearte la timidez.
Niña de uñas mordidas, de esas que lloran a carcajadas y follan abrazadas, aferradas a una esperanza. 
De las que se emocionan con un buenos días y crucifican por una traición. 
Era de las que se tapaban después del polvo más salvaje, y esbozaban una sospechosa sonrisa antesala de un  “te quiero”.
De las que se levantan cuando el mundo ya lleva horas en marcha, y lo contempla desde la ventana con la seguridad de susurrarle día tras día las ganas de comérselo.
Era de las que desaparecían y dejaban hueco. 
Era de las que te hacía perder la cabeza, no la esperanza.

No te voy a pedir

No te voy a pedir que me des un beso. Ni que me pidas perdón cuando creo que lo has hecho mal o que te has equivocado. Tampoco voy a pedirte que me abraces cuando más lo necesito, o que me invites a cenar el día de nuestro aniversario. No te voy a pedir que nos vayamos a recorrer mundo, a vivir nuevas experiencias, y mucho menos te voy a pedir que me des la mano cuando estemos en mitad de esa ciudad. No te voy a pedir que me digas lo guapa que voy, aunque sea mentira, ni que me escribas nada bonito. Tampoco te voy a pedir que me llames para contarme qué tal te fue la noche, ni que me digas que me echas de menos. No te voy a pedir que me rías las gracias, ni que hagas el tonto conmigo cuando mis ánimos están por los suelos, y por supuesto, no te pediré que me apoyes en mis decisiones. Tampoco te voy a pedir que me escuches cuando tengo mil historias que contarte. No te voy a pedir que hagas nada, ni siquiera que te quedes a mi lado para siempre.
Porque si tengo que pedírtelo, ya no lo quiero.